04 marzo 2015

EL CACHONDEITO

Que pesadez con el dichoso vestido! Que si blanco, que si azulón, que si dorado, menudo plastazo! El que más y el que menos también tiene unos pantalones que no sabe si son marrones, berenjena, incluso grises, y no va colgándolos ahí en la red para que el personal pierda aun más el tiempo adivinando el código de la tintada del tejido.

A mi me parece, que vamos un poco entre alterados y aburridos. En esto de los colores del vestidito de marras, ha picado medio mundo. Y este tipo de debate, de galgos o podencos, de blanco o azul, es más propio de la falta de noticias de Agosto que del denso Febrero. Se supone, igual es mucho suponer, que en Febrero y Marzo, se está por asuntos más serios y más trascendentes.

Aunque bien pensado, a lo mejor es que estamos ya tan hartos de los “asuntos serios”, que nos hacen falta estas gilipolleces del vestido, con intervención incluida de prestigiosos institutos oftalmológicos nacionales, y luego dicen que no hay dinero para investigar, con tal de buscarse una excusa para escapar, a mil por hora, de la “cruda realidad” que nos rodea.

Porque si no nos agarramos al trampantojo de la vestimenta de la madre de la novia, o si no le damos la vuelta, por nuestro bien y por el bien de todos los valencianos, a lo de “el caloret”, andamos perdidos, estaremos para echarnos a las llamas de la falla que nos pille más cercana en la noche del 19.

Y es que cada semana, los episodios vergonzosos superan a los de la semana anterior. Nos quedamos tan ojiplaticos, como dijo alguien, que es natural que exista confusión a la hora de distinguir los colores del vestidito. ¡Que suerte tendríamos si estos fueran los grandes conflictos en los que estamos atrancados!

Parece ser que hay que tomarse la vida a lo Celia Villalobos. Pero esto solo puede hacerlo la señora Villalobos. En cualquier otro país de nuestro entorno o de muchos más kilómetros más allá, la pillada a la señora Villalobos, recordemos vicepresidenta del Congreso de los Diputados con unos emolumentos anuales superiores a los cien mil euros más extras, jugando con la tableta durante el Debate del estado de la Nación, abstraída en conseguir más puntuación, hubiera supuesto el cese o la dimisión, por torpeza, inmediata.

¿Cómo quieren que les consideren, señores políticos, los ciudadanos si están viendo que ni ustedes mismos son capaces de tomarse en serio el trabajo por el que se les paga?

Pero estamos en España, y hace tiempo que nos perdimos, todos, el respeto. Queremos, quizás por autodefensa, hacer de todo una chanza, tomar el modo humor, de lo vacuo, como vía de escape y nos conformamos con averiguar que, la señora vicepresidenta del Congreso, estaba enredando con el Frozen que es más moderno que el Candy Crush.


Sigamos con el cachondeito, riamos, riamos, que tal como se ve a algunos les está yendo muy bien.

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