07 agosto 2006

LAS COSAS DE AGOSTO

Dentro de nada, de muy pocos años, mucho antes de que se aclaren todos los errores que crecen y crecen, mucho antes de que nos acabemos de convencer de que las Comisiones de Investigación solo sirven para que se incremente el pago de dietas a los “investigadores” y nada más, mucho antes de que los políticos usen a los técnicos, mucho antes de que los técnicos acaben dando su opinión desprovista de tintes políticos, mucho antes de que el Gasto Público se aplique con más cabeza que apariencia, mucho antes de todo esto nos habremos planteado para que sirve el mes de Agosto.
Me contaba Carmen Pavías, que su marido y ella adelgazan cada Agosto todos los kilos que han ido acumulando, a lo largo del año, con almuerzos y meriendas. La dieta, baratísima por cierto, que adoptan consiste en comer solo pan y en utilizar, aunque ellos no vayan a ninguna parte, la EMT. Dado que en su barrio, las panaderías se han puesto de acuerdo para cerrar todas a la vez, para comprar un par de chapatas se tiene que hacer, cada día, tres kilómetros de ida y otros tantos de vuelta. Tras comerse un par de rebanadas cada uno, después de haberse untado con protector solar factor 40, se van a la parada de la EMT más próxima, que por cierto es de las que no tienen marquesina, y pacientes aguardan la llegada del bus. Esperando y esperando, sudan hasta por la suela de las chancletas mientras van adquiriendo un bronceado caribeño que ya lo quisieran para si los que se van a Punta Cana. Total que entre la compra del bendito pan y la espera de ese bus, que nunca llega, los emeteros no se han molestado en indicar los cambios de horarios, Carmen y su marido van consiguiendo un aspecto tan lozano que ni en el mejor de los balnearios se lo proporcionarían.
Son las cosas de Agosto, mes puente entre un curso y otro, mes de la chachara intrascendente en veladas sofocantes, mes de comparaciones, siempre hace más calor que en el Agosto del año anterior, mes de motos con escape libre, mes en el que deberían de pagarte por tener que ver tantas camisetas desmangadas y esféricas panchas cerveceras.
A todas estas, seguro que los que nos han dejado solos aquí, largándose por ahí, cuando regresen serán incapaces de darnos las gracias por cuidarles las zanjas y baches.
Fernando Martínez Castellano 3 Agosto 2006
Publicado en Las Provincias el 4 Agosto 2006

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