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05 julio 2014

EL ESCROTO

No sé que me ha impactado más, si el retorno a lo de la falta de testículos de uno de los leones del Congreso de los Diputados, sito en Madrid naturalmente, o la imagen, todo sea por una eterna campaña electoral, del President Fabra, subido en un autobús de la EMT de Valencia, haciendo como que “picaba” un bono-móvil.

Lo de la ausencia de genitales de uno de los fieros guardianes del sacrosanto edificio de la Carrera de San Jerónimo, en Madrid por supuesto, ya es para nosotros los españoles, como lo del monstruo del Lago Ness, allá en la casquivana Escocia, que aparecen y desaparecen, el gigantesco saurio y los leoninos testículos, tan pronto como traspasamos el solsticio de verano.

Los vaivenes, los enredos de la instalación de los leones, Daoiz y Velarde o Hipónemes  y Atlanta, no tienen desperdicio, historias del Siglo XIX que se repiten en el XXI. Lo chusco y las corruptelas no nos han abandonado desde los tiempos de María Castañeta. Solamente con ese par de esculturas, Arjona y García Berlanga hubieran hecho una película. En los USA, con menos, te hacen una serie con cuatro o cinco temporadas.

Ver a Fabra, picando en el bus, ya es como de ciencia ficción, no por el uso de las nuevas tecnologías, y si porque Alberto Fabra no debe de haber subido a un transporte público desde sus años mozos, entendiendo que el coche oficial, aunque se pague con dinero público, no es transporte público.


Pero hay que llenar una agenda vacía de fondo y forma. No queramos que el President, pierda el tiempo con una insistente reclamación de financiación para esta Comunitat abandonada, o vigilando qué está sucediendo con la venta del Valencia C.F. s.a.d., venta en la que están involucradas además de la Fundación, el Ayuntamiento de Valencia y la Generalitat Valenciana, un proceso de venta, con unas consecuencias que pueden llegar a ser terribles en la desilusionada, desmoralizada, sociedad valenciana. 

He comenzado hablando de testículos y he acabado aquí, debe de ser cosa del subconsciente.

20 mayo 2014

EN VENTA

Fueron tiempos, acontecimientos, que nos debieron de agarrar embelesados en el sueño. Estábamos tan encantados de habernos conocido, de creernos que nos hallábamos en la cima del mundo que aquello, el estallido de la burbuja, el estallido de sueños huecos, nos pilló de sopetón.
Quizás pensábamos que todo era pasajero, ya cruzamos, en años anteriores, por un bache en el que calculamos que nos quedábamos descolgados, ante las grandes inversiones estatales en Madrid, Barcelona, y Sevilla. Sobrevivimos a los fastos del 92.
Lo nuestro no era estar en la medianía, ni andar suplicando más atención, en euros y en cariño. En negro sobre blanco gritamos que “queríamos que nos quisieran”. Inventamos eventos con el ánimo de subir a la fama y por precipitados, por ilusos, por creernos “nuevos ricos”, recibimos “cornás” de truhanes internacionales.
Salimos del bache, trepamos y nos sentamos en la cumbre. O eso presumíamos, porque también volvimos a ser victimas, eso sí, con nuestra colaboración, entre otros, de algún que otro canoso pícaro al que le gustaban más nuestros euros que pasearse por el Mercado Central y no fue al único, al boss de la F1, al que le atrajeron los euritos y la prodigalidad de los valencianos.
De la frondosa arboleda fueron cayendo las hojas, una detrás de otra, en poco tiempo, y nosotros en Babia. Perdimos, de modo exagerado, protagonismo en el concierto nacional y seguimos ofuscados entre las nubes de colores. No abrimos la boca. No vendimos, regalamos.
Y no sé, porqué estoy escribiendo en plural, cuando la mayor parte de los actos que nos llevaron hasta aquí tienen unos autores con nombres y apellidos, cuando “nosotros” muchos de nosotros solo fuimos atónitos testigos de lo que estaba sucediendo. Pero nuestro silencio nos hizo cómplices.

Hoy puede caer una de las últimas hojas, pese a estar en Primavera, aun siguen cayendo hojas. Esta será más dramática. Entre populismos, salvapatrias y demagogias que no resisten el más mínimo paso por el cedazo de la lógica. Nos agitan como peleles. Mienten, porque la mentira es gratis en España. El tiempo lo dirá, salvo error y omisión. Si los nervios no acaban antes con nosotros, y nos peguemos otro gran batacazo.
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