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03 junio 2015

EL VIAJERO

Tengo un buen amigo, que dice que cada noche después de ver los telediarios, sale a su jardín, y piensa que es un almendro. No ha aclarado, si aun está en flor, o si ya produce almendras. Es una manera de evadirse, otro modo de no lanzar, cada día, una silla contra el televisor. No daríamos abasto para pantallas. Cuando hablan de la “condena del telediario”, no tengo claro si el condenado es al que le han destapado el amaño, o al pasivo, estupefacto y abrumado ciudadano que recibe su casi diaria sesión de revelación de corrupción tras corrupción.

España es un país tan rico como divertido. Hemos debido de ser muy ricos para sobrellevar tanto depredador, tantas rémoras adheridas a los dineros públicos.

Está todo muy jodido, pero en todo momento salta la chispa que nos hace soltar un ¡¡no tenemos remedio!!. Vivimos en la complacencia del perenne autoengaño. Debemos de tener, allá en el fondo, no importa de cual de los pueblos que invadieron Iberia, unos genes de lo más adaptables a todo, porque ya me dirán tal como está el panorama, y lo que aguantamos, y lo que nos inventamos para llevar la cruz sin que nos salga una úlcera gástrica cada veinticuatro horas. Con razón dicen que somos el país europeo que bate récords tragando omeprazol.  

Y decía, por ahí arriba, que somos de gente, que pese a todo lo que nos está ocurriendo, incluso antes de querer ser un almendro, o un níspero, hasta somos capaces de bromear cuando aparece el Marcos Benavent de turno, queriéndonos endosar una milonga de tres pares de narices.

Ya Carlos Jesús, hace treinta años, con sus fiuss, fiuss, sus dedos formando triángulos en el espacio, y sus millones de naves procedentes de Reticulín, en la constelación de Orión, nos avisó de lo que nos podía pasar. Y vaya si nos ha pasado.

Marcos Benavent ha realizado numerosos y pintorescos viajes, algunos mal pensados dicen que le acompañaba Mariano Rajoy, que Rajoy no estaba en la burbuja de la Moncloa, que el aun presidente del Gobierno estaba por ahí, abstrayéndose de la realidad. Porque no ha sido el señor Benavent con su apariencia de místico, gurú, el único que pretende desviar la atención hacia otros escenarios. Y ya metidos en disfraces, si a Benavent le sale bien lo de las meditaciones, tai chi, tantras, piercings, tatuajes, pantalones bombachos y la estética hippie, le ha afectado el capitulo final de Mad Men, si le sale bien, es que éste País es la releche.

Pero, ¿Cómo dudo de que le pueda fallar el plan a Benavent, si tenemos a Barcenas, al gran Barcenas, dando cursillos de formación sobre cómo detectar la evasión de capitales a paraísos fiscales?


Lo dicho, tanto esperpento por metro cuadrado, nos ha curado de espanto, nos transfiguraremos en almendros, o estaremos para irnos de vacaciones a la Pampa argentina, o a la estepa rusa aunque no nos lo pague la Diputación de Valencia, pero seguiremos.

Publicado en Las Provincias 3 Junio 2015

13 febrero 2014

LOS FIGURANTES

Cuando leí que el tinglado Gürtel pagaba a figurantes para que hicieran de entusiasmados adeptos en los mítines que montaban para el PP, se me acabaron de caer todos los palos del sombrajo.

Aquello del “autobús y un bocadillo de mortadela”, dio paso a un “toma 90 euros y aplaude como un poseso cuando te hagan la señal”.  Vamos, una claque a lo grande, nada de asientos en el gallinero del teatro, euros de curso legal. Pasta por todas partes, que era fácil conseguirla.

Los de Gürtel preparaban a los “extras” que estaban detrás de los políticos, con exquisitez, variedad y color de rostros, suéters tonos pastel y cocodrilo rampante, cazadoras con forros escoceses, decorado y vestuario de acuerdo con el argumentário del discurso.

Los que veíamos los reportajes de los masas entusiasmadas, aunque todo lo que aparecía en Congresos, Convenciones, Mítines, Campañas Electorales, lo poníamos en cuarentena, nos quedábamos a cuadros viendo como agitaban las banderas al unísono, aplaudían en el momento oportuno y reían, lloraban, se mordían los labios, cuando el mitinero de turno soltaba algo ocurrente, cosa que, por otra parte, sucedía pocas veces. Los teloneros merecían menos excitación, al llegar las intervenciones de los líderes o las lideresas, el clímax ya era el desideratum. ¡Arriba el corazón y el bolsillo!

Te preguntas si al cuerpo de “entusiastas” los llevaban los gurteleros de ciudad en ciudad, o si los bigotes & co., elegían el casting en cada plaza. ¿Pagaban en blanco o en negro? ¿A los más vibrantes los incluían en nómina?

Y lo peor, los mitineros, aspirantes a la elección, a la reelección, al interés de perpetuarse, ¿Conocían el montaje de tanto frenesí? ¿Sabían que aquellos aplausos eran europagados?, o caían en la tentación de creerse que eran unos Demóstenes, que seducían a las masas, que habían sido tocados por el dedo divino igualito que lo vieron en la Capilla Sextina cuando fueron de viaje con los “compis” del cole.


Un escalón más, para llegar adonde hemos llegado.

Publicado en Las Provincias 15 Febrero 2014
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