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28 octubre 2014

LOBOS Y CAPERUCITAS

Aquí estamos, esperando con que nos va a acabar de petrificar Octubre. No es por lo especialmente caluroso, lo de las Estaciones ya hace tiempo que saltó por los aires, mucho antes de que nos lo montásemos con los ciclos  de los siete años del Niño y los otros siete de la Niña, con las corrientes del Pacífico yendo hacia Japón, o a la costa de Chile. Ya nadie se acuerda. El Niño  y la Niña, duermen en los cajones de las viejas redacciones. Ni tan siquiera se pregunta por ellos a Podemos. Y mira que es raro que no se le haya ocurrido a la Sexta, requerir, con esa excusa, al oráculo del nuevo producto político, amamantado, criado y mimado en los brazos de sus “prime times”.

Decía que aquí permanecemos a la espera del nuevo pasmo que ya definitivamente acabe con nuestra paciencia de ciudadanos.

Cuando creíamos que ya estábamos curados de todo espanto y de todo escándalo, que ya nada nos podía dejar más patidifusos, va y aparece el lío de las Tarjetas Negras. Lío menor, los millones dilapidados por los agraciados, sin vergüenza, de Caja Madrid, con lo de las tarjetas opacas, es peccata minuta comparado con todo lo que se ha hecho de luiscandelismo en la mayor parte de las Cajas de Ahorro, incluida “nuestras” Bancaja y CAM. Pero lo que asombra es que en este recién destapado atraco de los directivos de Caja Madrid, es comprobar que los mismos ingredientes, los mismos apellidos, las mismas jetas, están en otros guisados y desaguisados que han llenado, recientemente, primeras páginas.

Y los tíos, merecen calificativos más despectivos, están en la calle, hasta corremos el peligro de que cuando se tropiecen con un micrófono amigo abierto, nos suelten una perorata sobre cómo debemos, porque España no va bien, apretarnos un agujero más el cinturón, como tenemos que adaptarnos a los duros tiempos que nos toca vivir, etc., etc., cuando ellos han sido una de las piezas de este rompecabezas de miseria en que estamos metidos y se los han llevado, los euros y antes las pesetas, calentitos. Y parece que no pase nada, porque los escándalos, como las corrientes del Pacífico, se suceden, se cubren, los unos a los otros.

Ahora mismo, nos asombramos de la intrepidez del “pequeño Nicolás”, intrepidez forrada con una cara dura de impresión, y nervios para meterse en recepciones reales, codearse, y compartir canapés con las fuerzas vivas más vivas de este País. Pero Nicolás solo ha sido un pícaro, un pequeño pícaro, con mucho photoshop y con una gente que no encontraba anormal que aquel imberbe niñato, que presumía de joven cachorro pepero, hubiese hecho una carrera tan rápida. Todo lo más, se preguntaban de quien sería hijo o asesor, el pequeño Nicolás. Un picarillo más, en un País lleno de lobos y caperucitas vestidas y desvestidas, a golpe de Tarjetas Negras, que, atentos, seguirán apareciendo.    

Fernando Martínez Castellano

20 Octubre 2014

01 junio 2012

GOLFOS


Mi amigo Miguel quiere rescatar del desuso la palabra “golfo”, no de golf, ni de accidente geográfico, sencillamente “golfo” tal como lo hemos entendido siempre, generaciones pasadas, en esta sufrida España. 
Golfo, carota, sablista, sinvergüenza, aprovechado e infinitas cosas más de ese estilo. “Golfo” suma de adjetivos. Es curioso que haya palabras-etiquetas que se han ido perdiendo, pese al acelerado incremento de los individuos a los que cabe aplicarlas.
Quisiera que ahora tome papel y lápiz. Bueno, valdría la pena que también tomasen, por si acaso, algo que les tranquilice. Escriba, por favor, un 4 seguido de 12 ceros. Yo no los escribo porque me ocuparían media columna. Esa cifra que usted ha escrito se lee, en castellano, como Cuatro Billones. Es el resultado de pasar de euros a pesetas el cañazo, por el momento, de la mala gestión, algunos dicen que fraudulenta, que se ha llevado a cabo en los últimos años en Caja Madrid y Bancaja.
Ahora, debajo de esas gigantescas cifras que escribió, en euros o en pesetas. Insisto en lo de las pesetas porque nunca se sabe que nos puede deparar el futuro imperfecto de indicativo o de subjuntivo. Decía, debajo de las cifras de vértigo causadas por la irresponsabilidad consentida, escriba su pensión, su nómina, e incluso su saldo en la cuenta corriente que tenga más cargada. Mire bien, los números de arriba, los números de abajo.
Abra una de las ventanas de su casa, o un mirador, o un balcón. Olvídese de sus simpatías políticas. Recuerde que ahora todos los meses tienen cuesta. No caben contemplaciones, El bolsillo es el bolsillo, la vida es la vida, el abuso es el abuso. Tome aire y por un instante desahóguese, suelte, grite, chille, truene, en el idioma que sea, incluso en afgano, la primera palabra que se le ocurra recordando los numeritos del papel, recordando el 4 y los 12 ceros. Cuatro Billones.
Seguro, totalmente seguro, que lo que usted va a decir, gritar o mascullar con los dientes apretados y los puños cerrados, se parece mucho a la palabra que Miguel quiere que vuelva a ser de uso común: Golfos.   
¿Adonde vamos o nos llevan? Ni lo sabemos, ni quizás lo queramos saber, pero nada va a ser igual que ayer.
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